
En Tokio, Japón, tomar el último tren desde la estación de Shibuya a altas horas no es solo un inconveniente: es una prueba de valor. Los locales murmuran sobre “La Mujer Azul,” una inquietante leyenda urbana sobre los que nunca regresan.
Se cuenta que hace años, una joven trabajadora de los clubes nocturnos fue asesinada por un cliente violento en un pasaje subterráneo de Shibuya. Su cuerpo, con un vestido azul y mirada de ira, permaneció allí hasta la mañana.
Desde entonces, algunos pasajeros dicen ver en el último vagón a una mujer de azul, sentada en silencio, con la cabeza baja y el cabello cubriendo su rostro. Si la miras fijamente, levanta la cabeza lentamente, sonríe con frialdad y te observa. Si sostienes su mirada, no logras bajar en tu parada. El tren entra en un túnel oscuro… y nunca más apareces.
Quienes intentaron hablar con ella desaparecieron. Otros sobrevivieron, pero atormentados por pesadillas y fiebre.
Hoy en día, los tokiotas evitan el último vagón. Si ves a una mujer de azul, aparta la mirada. Su mirada, dicen, es un billete solo de ida a la oscuridad.


